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viernes, 29 de febrero de 2008

VIOLENCIA ESCOLAR II Profesores

VIOLENCIA ESCOLAR II

Profesores

Engelberto Salazar Martínez



Profesores, padres y alumnos nos encontramos en el inicio de un nuevo curso escolar. Para unos supondrá incertidumbre, otros estarán deseosos, algunos pensarán en el pasado; ante todos se abre una nueva puerta que debería darnos seguridad y confianza, pero que, por el contrario, cada vez con más frecuencia, genera inseguridad y miedo.


Los padres llevan a sus hijos a los colegios e institutos con la confianza de que serán educados, de que se les enseñará aquello que necesitan saber para ser buenos ciudadanos y mejores hombres y mujeres; los alumnos van… de múltiples formas según la edad, las vacaciones vividas, las experiencias acumuladas, las ganas de… los recuerdos del curso anterior. Los alumnos suelen desear el encuentro con sus compañeros, la rutina que ordena el reloj biológico de cada uno; por ellos ha pasado un año más, un curso más, son más maduros, poco a poco se vuelven más estables.


¡Y los profesores! Esos grandes olvidados, los que deben ser el pilar, el sostén, el núcleo en torno al cual gire todo. Los profesores afrontamos, también, un nuevo curso y de él sólo esperamos normalidad (que no es poco). Los profesores queremos dar nuestras clases, queremos ser oídos, queremos que nuestros alumnos aprendan, que sus padres nos ayuden y nos comprendan.


Los profesores pedimos poco y damos mucho. Pedimos comprensión y ayuda y que se nos deje hacer nuestro trabajo y por dar lo damos todo. ¿Se puede dar más que el saber, la cultura, el conocimiento, el crecimiento personal, la autoestima,…? Pero seamos sinceros, por más que damos menos se nos reconoce y ha llegado el momento de decir con claridad, nitidez y de forma diáfana que los profesores necesitamos, para desempeñar bien nuestra labor, el apoyo de la sociedad, la complicad de los padres, el reconocimiento de la administración.


Necesitamos medios, recursos, ratio razonable en función de los alumnos y sus dificultades. Necesitamos ser escuchados y que nuestras demandas, bien fundamentadas, sean tenidas en cuenta. Necesitamos poder actuar con libertad didáctica, pedagógica y organizativa y necesitamos incentivos de índole profesional que establezcan una auténtica carrera docente, que estimule al esfuerzo y al sacrificio, que nos conduzca por el camino de la superación personal.


Los maestros y profesores estamos al servicio del Sistema Educativo, la Administración educativa nos ampara y las leyes educativas son nuestro referente. Pero debemos ir más allá, la legislación pone las bases de la convivencia y ésta se establece en las aulas y los centros por los profesores; a la Administración educativa le compete la macro organización educativa y será el centro (equipo directo, equipos docentes, equipos de ciclo, tutores,…) los que establezcan la micro organización de cada centro y de cada aula; y el Sistema será, al fin y a la postre, lo que sea la micro organización que depende de los profesores y maestros.


El alumno es el centro del proceso de aprendizaje y el profesor es el centro de la vida educativa de cada colegio y de cada instituto. Si creemos firmemente en esto estaremos en la línea de ir buscando y encontrando soluciones a los múltiples problemas que hoy se nos plantean: violencia en las aulas, acoso entre iguales, falta de comunicación, apatía, desinterés, desmotivación,… todos factores presentes en nuestras realidades cotidianas.


¿Qué hacer? Coordinación, organización interna, formación, diálogo entre profesores, diálogo entre alumnos y profesores, comunicación fluida entre padres y profesores. Hacer del centro educativo una auténtica comunidad educativa en la que todos nos sintamos implicados para que la micro organización que nos compete sea la más eficaz posible para nuestro centro, sus alumnos, sus padres y para nosotros mismos.


La violencia en las aulas y los centros está muy relacionada, correlaciona positivamente, con la organización del centro. A más eficacia organizativa, a mayor realidad en los planteamientos organizativos, didácticos y metodológicos, a mayor compromiso e implicación de los maestros y de los profesores… menores y más controlables serán los problemas de disciplina y de conducta, el ambiente de centro y de aula mejorará hasta límites insospechados y nuestra tarea docente será más fácil, más llevadera, más satisfactoria.


Invito, si así lo desean, a los equipos directos, claustros de profesores, maestros y profesores en general a que reflexionen sobre estas palabras y lleguen a sus propias conclusiones. Estoy seguro de que entre todos podemos conseguir una educación más eficaz y realista. Es cierto que existen variables que nos vienen impuestas, pero otras dependen de nosotros, de nuestra capacidad de trabajo, entusiasmo e ilusión; de nuestras ganas por conseguir que nuestros lugares de trabajo, que deben ser espacios de cultura y libertad, sean referentes para la comunidad y la sociedad.

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